Urge verdadera estrategia para Latam en el área tecnológica

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Por Andrés Arellano Báez*

El informe de la CEPAL, Ciencia, tecnología e innovación en la economía digital, sobre la situación de América Latina y el Caribe, es desgarrador en su descripción del presente y panorama a futuro.

La posición de cada país en la economía internacional depende de su capacidad para absorber conocimientos y acortar la brecha con la frontera tecnológica. ¿Cuál es la situación de América Latina y el Caribe en ese campo? Lamentablemente, si bien hay avances, los indicadores del esfuerzo innovador y el acceso a la tecnología, que son algunos de los aspectos que se abarcan en el presente documento, no son favorables. También es débil el posicionamiento de nuestros países en cuanto a la capacidad para absorber conocimientos en los nuevos paradigmas tecnológicos.

Y más crítico aún, es que pareciera que quisiéramos empantanar nuestra situación: nuestra inversión en investigación y desarrollo es ínfima, aportando tan solo 2,8% del total mundial en el área.

Un dato más desafiante lo da María Clara Choucair, CEO fundadora de Choucair Testing, empresa pionera en las pruebas de Software a nivel global y consolidada ya en el sector; con 650 empleados a su mando en las sedes de Medellín, Bogotá, Lima y Ciudad de Panamá; y con la que factura 10 millones de dólares anuales. “El problema es que a futuro -nos dice la empresaria-, se pregunta uno, si la tecnología reemplaza a los que manejan autos, a los que limpian casas, a los que sirven mesas o realizan trabajos operativos, posiblemente nos vamos a volver países inviables los latinos”. Y para ella, esto no es más que una tragedia, pues es enfática en que “hoy no es un problema de falta oportunidades. Internet es el socialismo perfecto: todo está allí para prepararse quien lo desee. Entonces, esto va a implicar un rediseño en la forma cómo vemos el empleo y cómo se trabaja, requiriendo nuevos conocimientos y habilidades. La pregunta sería cómo ver estos cambios, no como una amenaza sino como una gran oportunidad para potenciarnos”. La problemática descrita está ceñida en su análisis a una realidad nacional, no obstante, es muy posible encuentre reflejo en muchas latitudes de nuestra región, y es que la ejecutiva es tajante al señalar como “en Colombia se pierden miles de becas al año porque las personas no aplican a ellas“.

En palabras de nuestra entrevistada “la tecnología que deberíamos estar aprovechando para sacar nuevas cosas; la estamos usando para apoyar los mismos procesos de negocios que manejábamos antes, solo que más rápido“. Y es de ese diagnóstico de nuestra situación donde sale a relucir uno de sus análisis más relevantes: “sistematizar es diferente a digitalizar. Todas las empresas sistematizan, entendiendo el concepto como realizar un proceso que haga mi negocio más ágil, y que puede ser digital. Digitalizar es crear un negocio cuyo eje, cuyo corazón es la tecnología digital“. La diferencia la delineamos mejor con un ejemplo: las transacciones bancarias que antes eran manuales y comienzan a ser mediadas por lo virtual son realmente una sistematización de los procesos; mientras que las criptomonedas sí harían parte de la transformación digital, es decir, una nueva manera de transar y relacionarnos, basada o nacida en el entorno digital.

María Clara, quien es ingeniera de sistemas de la Universidad EAFIT de Medellín, se siente afortunada de su educación. “Fue muy buena“, según sus propias palabras. Y EAFIT, una universidad con alta calidad y acreditación institucional recientemente renovada hasta 2026, fue creada por empresarios antioqueños hace 58 años, y como lo dice María Clara, el nivel técnico y gerencial, es lo que permite proyectar la creación de empresas como Choucaire Testing. Todo eso terminó forjando ambiente donde hacer crecer su empresa: “en Medellín pasa algo que me gustaría pasara en otras ciudades y es que entre empresarios se brindan oportunidades a los nuevos emprendimientos para que se conviertan en empresarios. Aquí existe todo un ecosistema diseñado para promover la innovación y el desarrollo”.

Pero su situación de privilegio (cualquiera con una educación superior en América Latina es un privilegiado) tristemente no se difumina a su alrededor. Su diagnóstico es crítico: “La ingeniería es el uso de la ciencia (matemáticas, estadística) para solucionar los problemas de la humanidad. Aquí tenemos muchas falencias en esa área“. Y es que en general, el problema de la educación hoy es uno estructural. Argumenta ella que, además de su marcado interés social, el problema se traslada a lo empresarial: “vaya a una Universidad hoy y pregunte cuántos matemáticos tiene, cuántos estudiantes hay en estadística. ¿Cuántos de ellos quieren estudiar eso? Acá no es visto eso como “sexy” esas áreas, mientras que en los países desarrollados es muy fuerte. Luego uno como empresario, en esta área, no encuentra talento humano. ¿Qué hacemos desde el empresariado? Va uno y habla con el gobierno y le dicen que es problema de las universidades, va a las universidades y que el problema es del colegio, va a al colegio y que el problema es de… Vienen, entonces, las grandes compañías, ofrecen sueldos enormes a los talentos que logramos desarrollar y se los llevan, poniéndonos en una situación difícil“.

La situación descrita por Choucair, sobre la realidad en nuestro continente, nos hace ver que la experiencia compagina a la perfección con la teoría, según el documento citado. Aun así, esta experimentada empresaria logró fundar una organización tecnológica de gran envergadura en un área poco reconocida en su época. Cuando ella arrancó el negocio, hace dos décadas, “este servicio era algo que hacía el mismo usuario. Pero yo venía trabajando con un equipo de americanos, de allí la importancia que le doy a la transferencia de conocimiento, donde se hacían estas pruebas. Y me empecé a dar cuenta de que era una idea útil, que servía. Cuando la empecé a ejecutar yo misma, vi que mis clientes volvían y me recomendaban. Era algo desconocido aquí y en el mundo, pero a mí la lógica me decía que funcionaba“.

María Clara, explica que la gran mayoría de nuestras actividades están relacionadas (y monitoreadas) por un software. La definición más básica de las pruebas de software es que “son las investigaciones empíricas y técnicas cuyo objetivo es proporcionar información objetiva e independiente sobre la calidad del producto de software que va a lanzarse”. Pero María Clara tiene una visión más profunda y, hasta más poética: “es la conciencia entre el negocio y el desarrollo”.

Su trabajo, entonces, no es uno menor dentro de la economía moderna. Están ellos, su empresa, en todo el proceso de diseño y producción de software de una empresa, con tal la tecnología exprese a cabalidad lo que la empresa desea. No es un simple “tester” o alguien que hace pruebas, sino que busca que el resultado esperado por el software a punto de poner a funcionar una empresa sea el realmente deseado para que su negocio logre materializar la promesa de valor frente al usuario y exprese bien el propósito de la marca. “El objetivo de la empresa es aumentar la probabilidad del éxito del proyecto, analizando desde los requisitos, el diseño y la parte constructiva”. Pudo haber parecido una idea de negocio descabellado en un principio, pero hoy (además de que los resultados así lo sostienen) es algo que parece más que necesario.

Nuestra directiva aporta un concepto. “Emprender es diferente a ser empresario. Uno puede ser emprendedor en un puesto de trabajo. O puedo tener alma emprendedora para hacer dinero. Pero un empresario, quien crea una compañía, lo que hace es un vehículo para cambiar la sociedad, para generar equidad y bienestar“. Es esa filosofía, impuesta desde el principio, la que ha hecho de Choucair Testing una empresa B-Corporate.

B Corporation es una certificación privada emitida para empresas con fines de lucro por B Lab, una organización global sin fines de lucro con oficinas en los Estados Unidos, Europa, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Para ser otorgada y preservar la certificación, las compañías deben recibir un puntaje mínimo en una evaluación sobre desempeño social y ambiental, y pagar una tarifa anual. Hay más de 2.000 empresas B certificadas en 140 industrias en 50 países.Una de ellas es Choucair Testing. Citando a María Clara, una empresa B se caracteriza porque “los hippies nos dicen empresarios y los empresarios nos dicen hippies. Es una corriente de empresas que quieren tener un impacto positivo en la sociedad. No somos una ONG, lo que queremos es ser una empresa que sea a su vez la mejor para el mundo. Entendemos que los humanos debemos ser liderados por alguien, y qué mejor que sean empresarios“, con vocación social y ambiental, complementamos acá.

María Clara, frente a esta situación, deja en claro que para ella lo importante de una empresa es la filosofía que hay detrás de cada acción. “Cuando te vas a insertar como empleado en una empresa, vas a trabajar con el ideal de otras personas. Por eso en mi empresa es para mí un honor recibir un colaborador, porque es alguien que viene a alinear su propósito con el de mi empresa para ayudar al mundo“. Le recuerdo a ella los anuncios de Google y Apple con respecto a las masivas inversiones hechas por ambas para usar exclusivamente energía renovable, a lo que responde que “esas actitudes ya no pueden ser solo para aparentar. Hoy, entre la marca y la empresa no hay espacio. La tecnología creó esa transparencia. Las verdaderas intenciones ya no se pueden tapar“.  Y, a futuro, la visión es más tajante: “el único camino para las empresas es tener impactos positivos en el mundo. ¿Quién compra un producto de una empresa que está haciendo algo malo?“.

Las plataformas tecnológicas, acorde al informe de la CEPAL, convergen hoy hacía la NBIC: la nanociencia y la nanotecnología, las ciencias de la vida y la biotecnología, las ciencias y tecnologías de la información y las comunicaciones, y las ciencias cognitivas. Pero eso pasa, en otras partes del mundo, no en nuestra región. Para Choucair, en “América Latina no estamos siendo conscientes de lo que está pasando. Creemos que esos escenarios no nos van a tocar nunca. Y nos están tocando ya. Nosotros hoy, como empresa, tenemos que estar todo el día investigando: evolucionar en el negocio, en la estrategia”. ¿Y qué es la estrategia? En el sentido de Michael Porter y Cynthia Montgomery, se podría resumir como el conjunto de elecciones y renuncias para hacerse relevante en un entorno, es el espacio al que quieres llevar tu empresa. Todo dólar gastado que no lleve a tu empresa hacía allá, hacía ese punto, es un dólar perdido.

Tal vez, es hora de crear una verdadera estrategia para Latam en el área tecnológica y enfocarnos en llegar allá. Hoy, indudablemente, nos estamos quedando atrás. Y un plan a futuro debería ser fuertes inversiones en educación y encontrar capacidades para, en vez de sistematizar, comenzar a digitalizar.

 

Vía Forbes

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