La depresión empobrece “Fernando de las Fuentes”

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El consumismo es la forma actual del bien máximo

José Luis López Aranguren

Zygmunt Bauman, uno de los sociólogos más destacados y respetados del mundo, dijo alguna vez: “En la sociedad de consumidores nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto”.

Nos hemos mimetizado con las marcas. Valemos tanto como nuestro coche o la chamarra que traemos puesta. Siempre podemos, además, aspirar a mejorar en éstos términos, de manera relativamente fácil, gracias a un pequeño pedazo de plástico llamado tarjeta de crédito, que nos permite estar in, sentirnos envidiados y adulados como remedos de reconocidos y amados.

Si usted debe pagar mensualmente a su tarjeta más de lo que gana o si sale “tablas” e incluso con un mínimo margen que le impediría hacer frente a un imprevisto, ha pasado a formar parte de la nueva, creciente y hoy la más numerosa masa de pobres que no se han dado cuenta que lo son: los esclavos del sistema financiero, el cual es culpable en la medida en que ellos son irresponsables.

Esto es porque atrás de la pobreza new age no hay solo un mundo que nos induce a depositar la felicidad donde no tiene cabida: el objeto de consumo; hay también una masa gigantesca de individuos deprimidos que ni siquiera saben que lo están, pero que se sienten muy aliviados o empoderados al comprar.

De acuerdo con los especialistas, la ansiedad, el estrés y la depresión son las enfermedades psicológicas más comunes hoy en día. Están relacionadas no solamente con nuestras historias personales, sino con una modernidad en la que el único y verdadero objetivo del esfuerzo laboral y de la realización personal es alcanzar un estatus definido por el nivel de riqueza. Y aunque en el fondo no lo creamos así, actuamos como si fuera una verdad incuestionable.

En su libro Hacia una terapia fenomenológica mundana, la reconocida psicóloga Virginia Moreira le llama neurosis contemporánea a la conducta del paciente que “nunca tiene tiempo, es cada vez menos capaz de expresar sentimientos, sufre por su rigidez, es esclavo del trabajo, del estatus, del consumismo, la tecnología y la soledad que acompaña a la globalización. Quiere vivir en un mundo exacto, concreto, donde se sienta seguro”. Así que si no estaba deprimido, invariablemente lo estará.

Se trata de ese tipo de personas  que no creen que puedan hacer algo para mejorar la situación de su país, no consideran que su comportamiento personal y su ejemplo sean de utilidad, ni están dispuestos a cambiar si no ven cambios en otros. Se procuran a sí mismos en un mundo donde sólo adquieren existencia y relevancia a través de lo que puedan adquirir y, por supuesto, de los likes que puedan obtener.

Ahora bien, no estar deprimidos, tener una autoestima bien puesta, estatus interior, autoaprecio, objetividad y ecuanimidad, nos darían inmediata claridad de cuán valiosos somos, para nuestros semejantes y para el mundo, cada uno de nosotros, actuando en nuestro ámbito personal, con absoluta honestidad para con nosotros mismos.

La sociedad no es más que un reflejo de la suma de sus individuos y la forma en que se relacionan entre sí. No le gusta la suya, cambie usted primero: busque el origen de su depresión, que generalmente está en la falta de manifestaciones claras de aprecio y valía durante su infancia o incluso en descalificaciones y maltratos.

La próxima vez que tenga ganas de comprarse algo que realmente no necesita, y sienta malestar por no poder hacerlo o ansiedad por concretarlo “a la de ya”, pregúntese qué sensación desagradable está sintiendo, que está tratando de tapar.

Todo en la vida está ligado con la forma en que usted se siente respecto de sí mismo. Un mundo que lo rechaza es producto del autorechazo. Gente que lo agrede se siente atraída por su energía de agresión. Igual que la gente que lo ama.

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