El poder de la carita feliz

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Cada sonrisa te hace un día más joven

Proverbio Chino

Y ahí estuvo todo el tiempo, literalmente bajo nuestras narices, la tan anhelada fuente de la juventud: levante las comisuras de la boca junto con las mejillas, enseñando los dientes, hasta formar arrugas alrededor de los ojos. Sostenga este gesto el mayor tiempo que pueda y repítalo el máximo de veces posible durante el día, y así todos los días de su vida hasta morir, joven, por supuesto.

No me diga que es difícil hacerlo, si así es como nacemos: sonriendo (científicamente comprobado). Quizá no con la sonrisa descrita en el párrafo anterior, considerada la más espontánea y genuina que hay, pero sí con una muy leve, de esas que nos dirigimos más a nosotros mismos, y cuyo efecto no es menos poderoso.

La sonrisa no es sólo uno de los medios de expresión y comunicación más poderosos del ser humano; es, de hecho, uno de los más naturales y potentes métodos de sanación con que contamos, tanto como dormir, comer, amar, orar.

El problema de la eterna juventud nunca fue encontrar la fuente, sino entender qué había en ella. Creer que es posible detener indefinidamente el envejecimiento físico es no sólo iluso, sino un intento de preservar un yo inflado que no es más que una ínfima porción de nuestra existencia.

Tan mal entendemos la juventud, que cuando creemos resistirnos a envejecer, en realidad estamos rechazando la posibilidad de que nuestro cuerpo renuncie a aquellos apetitos cuya satisfacción, nos dice nuestro ego con euforia, es la más pura expresión del poder de la juventud.

Sin embargo, la verdadera juventud, la que se lleva dentro, consiste en mantener la mente curiosa y abierta, la herramienta del intelecto siempre en uso, el corazón amante y el alma libre y alegre, todo lo cual puede lograrse con una sonrisa en la boca.

Si cree que no tiene motivos para sonreír, seguramente se siente estresado, incluso abrumado, lo que, por cierto, produce visión de túnel, es decir, sólo ve aquello que lo hace sentir de esa manera. Sonreír, en cambio, le ayuda a abrir la mente y encontrar soluciones a sus problemas. Le da el valor de detener su loca carrera por cumplir las expectativas ajenas.

Busque gente sonriente, porque la sonrisa se contagia. Si no la encuentra, lo cual no sería raro, sonría aunque sienta el gesto ridículo y forzado; mientras más practique más fácil será lograrlo con naturalidad. Comience con una leve sonrisa, de Mona Lisa. Esa es más fácil de mantener durante un tiempo prolongado. Verá el efecto que produce.

De hecho, este tipo de sonrisa, que consiste en levantar ligeramente las comisuras de la boca, sin plegarlas realmente, hasta sentirse cómodo, es una práctica milenaria del Tao de la Transformación, disciplina china que nos permite regular la energía de nuestro cuerpo, tranquilizar la mente y sanar los órganos.

No es poca cosa sonreír. Hay gente que lo hace tan poco en su vida, que este simple ejercicio de la leve sonrisa es un suplicio. La sonrisa es algo natural, pero a veces muy difícil de dar y de obtener, porque no sólo es una reacción a lo que nos sucede, sino un arte que hay que dominar para generar todas las hormonas que nos proporcionan bienestar emocional. Nosotros podemos cambiar nuestra química cerebral, llevarla de la nube que nos oscurece el ánimo a la claridad que nos alegra. La sonrisa es la runa, el secreto.

Si sonríe para sí le será más fácil aceptarse como es y fluir con la vida; si sonríe a otro es seguro que obtendrá su aprecio y confianza; si le sonríe a su hígado, pulmones, corazón, riñones o cualquier otra parte del cuerpo que esté afectada, sanará. Está científicamente comprobado, por la medicina cuántica, que las emociones enferman o sanan células.

Así que ponga más sonrisas en su cara y menos en el Whatsapp.

 

VÍA LA CRÓNICA

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