Hace algo más de 7.000 años, una supererupción devastó las islas en el sur de lo que hoy es Japón, enterrando a la mayor parte del archipiélago en cenizas. Conocida como la erupción de Akahoya, esta explosión fue tan poderosa que provocó el colapso de la cámara de magma volcánica, dejando una cicatriz de diecinueve kilómetros de ancho conocida como la caldera de Kikai. Y aunque esto ocurrió hace mucho, mucho tiempo, un reciente estudio publicado en Scientific Reports ha descubierto que bajo estos restos se esconde un monstruo aún mayor: una cúpula repleta de lava dispuesta a “explotar” algún día.

Una supererupción

Con sus casi veinte kilómetros de superficie hundida bajo el mar, Kikai es una vieja caldera impresionante. A pesar de estar en mitad del mar, con su puntiagudo extremo asomando en Iwo Jima, lo cierto es que el evento que desató su asentamiento, hace miles de años, sepultó toda la zona con más de 500 kilómetros cúbicos de material volcánico.

Según el índice de explosividad volcánica, la que ahora conocemos como erupción de Akahoya alcanzó una potencia de siete, algo que solo han conseguido otros seis volcanes similares en los últimos 12.000 años, y que es al menos un orden de magnitud más potente que la conocida explosión del Krakatoa en el siglo XIX, y la más reciente del Pinatubo, en el 91.

Pinatubo

Estas explosiones son conocidas como supererupciones y sus consecuencias son catastróficas. Así lo avalan los cientos de metros cúbicos que asentaron la geología de Japón y que, en su momento, acabarían con la vida de todo lo que se encontraba en su superficie. En concreto, el sur del archipiélago se vería prácticamente destruido por la fuerza y la posterior lluvia de fuego.

Como decíamos, sabemos por los restos que toda la vegetación de Kyushu cambió drásticamente como consecuencia de esta supererupción. ¿Qué posibilidades existen de que esto vuelva a ocurrir? Según un trabajo anterior, las posibilidades de que ocurra una supererupción en el archipiélago japonés en el próximo siglo son solo de alrededor del 1%, pero esto no es razón para olvidarnos de ellas.

Bajo la caldera de Kikai

Si un volcán con una cúpula magmática como la que se encuentra bajo Kikai entrara en erupción, podría expulsar cerca de cuarenta y dos kilómetros cúbicos de magma, cubriendo casi todo el país y sus 120 millones de personas con casi veinte centímetros de ceniza.

Caldera de Kikai

Según el estudio obtenido por el Centro de Exploración de Fondo Oceánico de Kobe, la cúpula tiene un volumen de aproximadamente treinta y tres kilómetros cúbicos, con un diámetro de casi diez kilómetros y una altura de más de medio kilómetro. El volumen de lava viscosa en su interior, estiman, es inmenso.

Para poder llevar a cabo el análisis del interior de la caldera, los investigadores usaron vehículos operados a distancia, o ROVs, con los que realizaron diversos análisis sísmicos y pruebas geológicas, electromagnéticas y una prospección sonora. “El problema más grave no es una erupción del propio domo de lava, sino la aparición de la siguiente supererupción“, explicaba para la prensa Yoshiyuki Tatsumi, vulcanólogo de la Universidad de Kobe y autor principal de la investigación.

Preparados para la siguiente supererupción

El área circundante a Iwo Jima ha experimentado al menos tres supererupciones a lo largo de su historia. La primera fue hace 140.000 años; después, hace 95.000 años y, por último, la erupción de Akahoya, hace 7.000. No estamos seguros de cuándo comenzó a formarse la cúpula actual, ya sea inmediatamente después de la erupción o gradualmente en los miles de años que siguieron.

Por tanto, desconocemos con seguridad qué factores podrían influir en que se desencadenara una supererupción. No obstante, el estudio, que ha analizado las tuberías de magma, podría ayudar a obtener información sobre todo el sistema de la caldera. Esto nos ayudará a predecir mejor cuándo podría ocurrir otra erupción en el archipiélago japonés.

¿Es esto suficiente? En realidad, no lo sabemos con certeza. Por ahora es imposible predecir un hecho catastrófico de tal magnitud. De hecho, es imposible predecir un terremoto o una erupción con suficiente antelación. Lo único que podemos es atenernos a un posible colapso según las estadísticas que conocemos.

Así, cuantos más datos mejor. Por ejemplo, gracias a este estudio sabemos que la lava de este domo es químicamente distinta a la de hace 7.000 años y mucho más parecida a la de los volcanes circundantes. Por otro lado, los investigadores también se han percatado de que la caldera está más activa de lo que pensaban.

¿Se está preparando Kikai para la siguiente supererupción? Volvemos a insistir: no lo sabemos. En marzo, el equipo pretende hacer otra incursión en los fondos marinos con la intención de encontrar más datos sobre la caldera y sus túneles magmáticos. Aunque, por el momento, nos tendremos que conformar con saber que hay un gigante dormido bajo Japón a la espera de volver a despertar.