Cuando se realiza una donación de sangre, los profesionales sanitarios deben vigilar el buen estado de las muestras a la hora de procesarlas. Como explicaba a Hipertextual Pilar de la Peña, responsable de promoción en el Centro de Transfusión de la Comunidad de Madrid, la apariencia del plasma cambia en función del paciente. Por ejemplo, si una persona dona sangre después de haber comido alimentos ricos en grasas, su plasma tendrá una apariencia más viscosa, un caso en el que la muestra sanguínea se descartará.

En el caso de que una mujer que tome la píldora anticonceptiva acuda a donar, su sangre tendrá un color ligeramente verdoso, una tonalidad que no afecta a la calidad de la muestra, que no se rechaza. En otras ocasiones, el plasma adquiere una coloración mucho más rojiza, una apariencia que puede deberse a que el paciente haya consumido antibióticos como la rifampicina —en cuyo caso no podrá donar— o a que el plasma contenga por error glóbulos rojos, que al romperse liberan la hemoglobina, de color rojizo.

La imagen viral compartida en Twitter, lejos de ser falsa, corresponde a una muestra de sangre lipémica, es decir, cuenta con una apariencia lechosa por culpa de los elevados niveles de grasa y colesterol que presenta. En la bolsa de sangre, que puede contener un volumen total de uno o dos litros, se observa que la grasa queda en la superficie al ser menos densa que la sangre. El enfermero también ha compartido en su cuenta de Twitter una segunda imagen donde compara dos muestras de plasma para que los lectores puedan diferenciar la muestra que contiene más grasas de lo que debería.

Tal y como explica el médico Roberto Méndez en El Español, “teniendo en cuenta que los límites saludables de colesterol y triglicéridos (“grasas”) actuales se han limitado a 200 mg/dL y 150 mg/dL respectivamente, es lógico pensar que en esta muestra se superan con creces”. La fotografía viral debería hacernos pensar sobre la importancia de evitar el exceso de ambas sustancias, relacionado, por ejemplo, con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Un objetivo para lo que resulta fundamental cuidar la alimentación y realizar ejercicio físico de manera habitual.