El artista Javier Arévalo dice: VIVIR ES ARRIESGARSE

 

Ciudad de México, 9 de julio

Nunca he podido vivir en un solo lugar. Es algo que tampoco yo me lo explico. Pero me pasa que al poco tiempo de estar en un sitio, ya me urge irme a otro. Así ha sido toda mi vida, nunca he podido estar estable. Soy un hombre bastante inestable. Soy pintor porque desde niño me dije: voy a ser esto. Porque yo decidí ser lo que soy, desde que nací. Pero también decidí que me gustaba el mundo. Y dije: no sé si con lo que quiero se llegue a algún lado, pero lo que sí sé es voy a viajar y conocer en mis posibilidades el mundo.

Nací (en 1937) en el barrio del Santuario (de Guadalajara) por lo tanto estoy protegido por la virgencita. En la misma manzana que nació Agustín Yáñez, a quien por cierto  lo conocí ya después. A los ocho años conocí a José Clemente Orozco. Lo vi cuando estaba pintando, arriba de un andamio. Me llevó Jorge Martínez, su ayudante y quien después fue mi maestro porque se dedicaba a cosas escolares. Nos llevó a la escuela donde pintábamos y ahí hubo concursos infantiles los cuales yo gané.

A José Guadalupe Zuno lo conocí a los diez años. Me metí sin invitación a unas clases que él tenía con sus amigos a un costado del Museo (Regional, de Guadalajara). Me metí de trampa ahí, porque no era para niños. Me metí y me puse a dibujar. –¿Y por qué está este niño aquí? ¿Quién lo invitó? Nadie. Pero ahí esta yo dibujando. Dice, -córranlo porque aquí no es para niños, está la modelo desnuda, tal y cual. Pero ya cuando fue, dice: pues no lo puedo correr. –¿Por qué? Porque dibuja mejor que muchos de los que estamos aquí.

Yo expuse en un lugar donde siempre se expone muerto: el palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Pero siempre he querido hacer las cosas vivo. He expuesto dos veces en el Cultural Cabañas, también en el Museo Metropolitano de Nueva York….en Colombia…..

Tengo 80 años de edad. Yo nací ya pintando. Aunque usted no me lo crea. Desde que recuerdo, dibujo, pinto. En las paredes donde estaba mi cuna ya hacía yo mis rayas. ¡Sigo pintando igual!

El premio Nacional de la Plástica lo gane varias veces. Yo hice una carrera francamente meteórica porque llegué a México de Guadalajara muy joven, y la manera de subsistir fue ganando premios, la verdad. Yo llegué sin un cinco. Sin beca. Nunca he tenido becas en mi vida. Todo lo he hecho por mi cuenta y riesgo. Entonces, ¿qué hacía? Donde había un concurso ahí estaba. Y como también en Guadalajara ya tenía ciertos premios, pues ya tenía la idea de que ganando premios se podía sobrevivir. Entonces toda mi vida he ganado premios por todos lados, nacionales y mundiales, tal y cual. Entonces llegué a México, no había beca, no había todo este mecanismo de ahora. Era la aventura por sobrevivir que fue riquísima, fue dura. Pero ha sido una gran aventura. ¡La vida es una gran aventura!”

“Cupido”, por Javier Arévalo. Foto: Rosa Esther Juárez

EL MURALISMO, LO MÁS GRANDE

Yo rompí con los de la Ruptura, porque nunca me cayeron bien, Porque estaban en contra de lo más grande que ha existido en este país. Y lo digo claramente. Lo más importante que ha habido en este país son dos cosas: el arte prehispánico y el muralismo mexicano. Es lo más importante que ha sucedido en este país. Lo demás son cositas muy ligeras. Que digan todos los artistas contemporáneos lo que quieran, nadie le hemos llegado a esas alturas. Y es que el muralismo fue un movimiento no solo pictórico sino un movimiento social. Un movimiento de reconocimiento físico, artístico, literario, tan extraordinario. Un movimiento integral que en ninguna parte del mundo se ha dado. No con esa fuerza. Entonces, todas estas cosas de los independientes, o de los grupos tal y cual, son pequeños. Somos pequeños. Nadie les llegamos. Estamos en otro tipo de circunstancia. Aquello fue un movimiento de una gran fuerza, de un gran reconocimiento de este país. Este país no se conocía hasta que el movimiento hizo que se volteara para acá.

LA ADMIRACIÓN A CLEMENTE OROZCO

He recibido la medalla Clemente Orozco (otorgada por el gobierno de Jalisco) con un gran gusto porque es mi pintor más admirado. No sé si tenga influencia en mi pintura porque nunca he pensando en la influencias. El que le tiene miedo a las influencias cae automáticamente en la copia. Si uno no tiene miedo a las influencias, está influenciado. ¡Como está influenciado desde que nació! Somos por influencia de nuestros padres. Caminamos por influencia de los que están a nuestro alrededor. Estamos influenciados por todo nuestro entorno. Seguramente José Clemente Orozco me ha influenciado, y no sólo él, sino muchos más. He visto muchos artistas en el mundo. A muchos los he reprobado. Por ejemplo, la primera vez que fui a Europa ya me sentía preparado. Y todo ese arte europeo, casi todo lo reprobé. ¡No me gustó! Y me gustaron muchos otros que no son ni tan famosos ni tan conocidos. Pero los normales por así decirlo que nos llegan como cultura europea, la verdad nunca me gustaron. Ni el Goya mismo me gustó. Mire usted, el Goya sin su época negra, hubiera sido un pintor bueno nada más. Consciente o inconscientemente. ¡Bueno, Rembrandt, Velázquez! Si Velázquez hubiera sido de esta época hubiera sido buen fotógrafo. Como esos pintores de ahora que tienen esa tendencia muy fotográfica.

EL MURAL DE ZAPOPAN

El mural que instalé en Zapopan (2015) lo trabajé con un grupo de artesanos maravillosos de Tonalá. Trabajamos un mural que no tiene que ver con lo político, ni nada. Es un mural más que abstracto, geométrico. A mí me gusta mucho la geometría. En la antigüedad a la geometría se le llamaba el lenguaje de los dioses. Hay mucha filosofía y muchas cosas muy maravillosas ahí. No es nada más hacer cuadritos y triangulitos. ¡No! Es todo un viaje. Acuérdese que en esos tiempos el espacio, el mundo se medía a través de la geometría, las matemáticas. Siempre he tenido un gusto intuitivo por todo eso. Siempre me gustó mucho el cielo. Me gusta mucho ver el cielo. Por eso en lo que más creo es en el cielo, pero no en las religiones, sino ¡en el misterio del cielo! No hay que tenerle miedo al misterio, ¿eh? Porque eso nos hace meternos en cosas que nos llevan a otras cosas. Al misterio en sí, no hay que tenerle miedo. Y oiga, no hay nada más misterioso que el espacio.

Javier Arévalo, artista. Foto: Rosa Esther Juárez

POLÍGLOTA DEL ARTE

A mí me han mencionado y me han bautizado de muchas maneras. Pues puede que le atinen y puede que no. Porque en realidad unos me califican de surrealista, otros de mágico, otros de realista mágico. Hace mucho tiempo, me gustaba. Porque es una palabra que la hice propia cuando era niño. Porque yo hacía magia. Fui mago, fui inventor. Fui todo eso de muy niño. Fabricaba radios de galena, ¡quería ser inventor! Me gustaba mucho la ciencia. Es lo que más me pesa de morirme porque tantas cosas que voy a dejar de ver. La tecnología ahora es tan maravillosa. El mundo nunca se imaginó lo que íbamos a ver ahora con la comunicación que es lo que mas se ha desarrollado. ¡Eso es magia!

Entonces, me da lo mismo que me digan realista mágico o surrealista porque soy eso, ¡y muchas cosas más! Esa es la verdad. Porque mire, déjeme decirle: ya ve que hay gente que dice el estilo, hay mucha gente a la que le preocupa el estilo. ¡Me vale un comino el estilo! Un verdadero comino. Porque por ejemplo, ahorita puedo hacer una cosa y al día siguiente puedo hacer otra cosa. No me importa si lo que hago es diferente, si lo que hago no va dentro de mi estilo. ¡La coherencia es lo que menos me importa en mi trabajo! De veras se lo digo. Es más, se lo voy a explicar: hay gente que habla cuatro y cinco idiomas, ¿no? Francés, inglés, tal y cual. Yo hablo cinco, seis idiomas pero del lenguaje del Arte. !Ay, orita encontré esa manera de explicarlo! Yo soy políglota, del lenguaje del arte, puedo hablar muchos idiomas.

ELOGIO A LA VAGANCIA

Siempre dicen que cambio mucho y en realidad lo hago naturalmente. Cambiar es la naturaleza misma. Oiga, si usted ve una fotografía de hace dos o tres años, usted ahora ya es otra persona. Si se vuelve usted a ver después de un rato, usted ya es otra persona. Es un cambio natural. Todo nuestro ser está en un cambio continuo. Nuestras células, nuestro cuerpo. Resistirse a cambiar es como resistirse a vivir. Los cambios son normales. Y luego como yo cambio mucho de lugares, de países, de estados, voy a un lugar y siempre es nuevo. Por eso me gusta mucho moverme: de pronto estoy aquí, de pronto estoy en Alemania, de pronto estoy en Japón, en París. Y pues, en cada sitio es otra vida, otra vida. Mi primer viaje fue a Guanajuato. Tenía como 16 años. Me encantó. Además yo me salí de mi casa a los diez años. Me escapé de mi casa por primera vez a los diez años para irme a la calle. No es que fuera vaguísimo, sino que me llamaba mucho la atención, la calle. Me sentía un hombre de la calle y si hubiera sido mujer, sería un poquito mejor! Pero mi primer viaje como tal fue a Guanajuato y fue cuando entré a Artes Plásticas. Déjeme contarle: siempre tuve mucho problema con mi padre, porque él no quería que yo fuera pintor. El decía que los pintores tal y tal, que me iba a morir de hambre, etc. Y a veces llegué a decir que tenía razón. Entonces me salí de mi casa, muy disgustado y regresé a mi casa, sólo duré una temporadita fuera, fui un niño de rancho porque me desarrollé entre Guadalajara y la Hacienda de La escoba, porque de origen de la familia de mi madre, fue en Santa Lucía, cerca de Tesistán y todos esos pueblos. Entonces, ya a los 16 años, cuando se abre la escuela de artes plásticas, yo entré de rodillas. Dije: ¡por fin!, no es necesario irse a México, tal y cual. Pero, ¡gran decepción! La primera gran decepción fue haber entrado a la escuela de artes plásticas porque me aburrí a los tres meses porque los sistemas de enseñanza eran una porquería. Estar ahí dibujando o haciendo un yeso, estar ahí horas y horas, no lo soporté. Entonces agarré otra enseñanza: en vez de irme a la escuela, me iba al cine. Después me iba más al cine que a la escuela, porque la escuela me aburrió rápidamente. Los sistemas eran una tontera. Y siguen siéndolo en la mayoría de las escuelas.

El mundo es tan hermoso, mire usted: ojalá y todos fuéramos vagos. El mundo es tan hermoso. No sé por que la gente puede estarse en un solo lugar. Hay tantas cosas bellas en el mundo, qué ver, qué vivir, que compartir. Por ejemplo, estuve un Japón un buen rato. Viaje por todo Japón. Imagínese qué vida: vivir por todo Japón y no en hoteles. Sólo en Hiroshima viví en hotel porque ahí no había templos porque como ya sabemos, es una ciudad destruida. En el resto del país viví en puros templos milenarios, imagínese usted. Como yo gané un premio mundial de grabado, fui allá por un mes pero luego el tiempo se extendió porque quise aprender grabado japonés, me ofrecieron además una exposición. Y luego yo pedí viajar por todo Japón. Y me invitaron a vivir en puros templos milenarios. Casi me volví monje, porque siempre he sido muy curioso, siempre me ha gustado saber de qué se tratan las cosas. No es que yo sea místico, ¡todo lo contrario! Lo que sí es que fui muy curioso y abierto a los aprendizajes que propician sus sistemas tan bien desarrollados. Entonces entré a las clases de shintoísmo, de budismo, de zen. Y sé muchas cosas de esas. Y creo que muchas cosas se me quedaron porque el arte tiene mucho de eso. Y no me fue muy difícil porque uno tiene esa práctica, de estar ensimismado en las cosas que hace. Y eso es muy seguido, muy continuamente. Uno se mete a lo que hace y se va, se va, se absorbe en tanto temas de la vida, del pensamiento.

UNO HACE COSAS PARA SER INMORTAL

Pinto para que me amen. Estas son cosas que los hombres no nos animamos a decir. Ahí le va: uno hace cosas, ¿para qué? Para ser inmortal. Fíjese lo que estoy diciendo: nunca lo había dicho. Uno hace cosas, porque quiere uno no morirse. Porque quiere uno vivir a través de lo que uno deja y hace. Fíjese, esto no lo había dicho nunca. En realidad es así. ¿Por qué quiere uno hacer cosas? Quiere uno perdurar sobre la vida. Se sufre, pero también se goza. Sí. Hay muchas cosas que se gozan mucho: los viajes, la vida, la gente. Que es hermosísima la gente, el amor. El amor es todo. Son tanto factores que lo hacen a uno, pues hacer (cosas)!

A mis cuadros lo mejor que les podría pasar es que estuvieran con mis amigos. “Esencialmente que estuvieran por ahí en lugares donde los apreciaran. Con la presencia de mi persona, pues. Esa es la esencia misma. No lo había dicho pero lo estoy diciendo ahorita. Que finalmente es eso. ¿Entonces para qué demonios hace uno las cosas? Porque al rato nos vamos a morir, cosa que me gusta mucho. ¿Sabe qué? Últimamente como he tenido por ahí muchas cosas familiares, la muerte cada vez me gusta más. Le tengo más admiración. Porque parejito nos va a llegar. Como he estado en tantas religiones, por ahí de curioso pues es una cosa que no sabemos si sea cierto o no. Cada quien se mete en lo que le gusta en sus espíritus o en sus conocimientos, en sus tradiciones, en fin. Y no sabemos si existe o no, lo que usted quiera. Con todo respeto lo digo. Pero la muertecita, ¡sí existe! ¡Y viera qué gusto me da que hasta los más cabrones y los mas hijos de su pelona, que toda esa gente que tanto daño le hace al mundo, también se lo va a llevar la chingada! ¡No sabe con qué gusto lo digo! La gente debería aprender a hacer cosas buenas porque se lo va a llevar la chingada a todo mundo. ¡La gente hace tantas maldades!

Ser artista es esencialmente tener una inquietud creativa. El que no es creativo, inventa, descubre, le da rienda suelta a su espíritu, variado, porque no es nomás un solo espíritu. Porque uno no nomás hace cosas bellas. Hacemos cosas malévolas porque vivimos en un mundo perverso y somos parte de él.

El país está hecho una mierda. El mundo casi casi también. Entonces todas estas variaciones de tipo humano deberían ser hasta más graves porque el mundo no vale la pena. El hombre es un fracaso. Me da mucho gusto que dentro de poco la mujer vaya a ordenar este mundo.

EL CUPIDO ESTÁ VIGENTE

El papel del artista es ese: manifestar gustos. El arte no es solo para manifestar la belleza. No lo permita. Es para manifestar sus inquietudes. Y las inquietudes son muy variadas. El mundo está muy desbaratado, muy desordenado por el hombre mismo como ya lo dije porque el hombre es un fracaso, está hecho un desorden el pinche mundo. Además, ¡que la gente haga lo que quiera! Es más: hasta me parece tibia la gente. Debería hacer cosas más intensas porque no vale la pena portarse bien. No, ni madre.

Afortunadamente lo único que salva al mundo es el amor. Y lo digo sin miedo a ser cursi. Ojalá fuera más cursi todavía. Y sabe usted quien son los culpables de eso? Las mujeres. Las mujeres son unas guerreras para el amor. Ellas son las que salvan al mundo. Porque son las que dan origen a la vida. Usted cree, que una vez que tomen el poder, ¿cree que van a mandar a sus hijos a las guerras? Puede que sí, pero no tanto. Las mujeres no van a hacer eso. Espero que no. Igual eso tendrá una evolución. Yo creo que la mujer es la que salva al mundo. El cupido sigue siendo una figura emblemática del amor. Lo represento con cierta picardía, con gracia, porque así es el amor. ¿Sabe qué pasa con el que no tiene gracia? ¡Que es un desgraciado!

VIVIR ES ARRIESGAR

Cuando regreso a Guadalajara me gusta recorrer los barrios por donde viví de niño. Sí me gusta regresar. Cuando me voy muy lejos y regreso, me gusta volver a mis barrios. Estoy tan sorprendido que estoy vivo. Después de andar por tanto lugar. Y con tantos riesgos porque cuando uno es así, tiene uno muchos riesgos. La gente que es conservadora en su vida, se pierde de mucho. Se tiene que arriesgar más para disfrutar la vida.

Vía Sin Embargo

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